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España se echa a la calle: el rechazo parlamentario de los decretos de vivienda aviva una movilización masiva en más de 50 ciudades

España se echa a la calle: el rechazo parlamentario de los decretos de vivienda aviva una movilización masiva en más de 50 ciudades

El bloqueo legislativo y sus consecuencias inmediatas para el parque habitacional

La escena se repite con una crudeza que ya nadie puede ignorar. El viernes, el Congreso de los Diputados devolvía al Gobierno dos decretos que pretendían frenar la escalada de desahucios, prorrogar los contratos de alquiler, poner coto a la compra masiva de vivienda por parte de fondos buitre y regular los beneficios fiscales tanto para caseros como para inquilinos. Los votos en contra de PP, Vox y Junts sepultaban una posibilidad de regulación de urgencia que, desde las organizaciones de inquilinos, se venía demandando con insistencia durante meses. El resultado no fue solo un fracaso parlamentario: fue la confirmación de que el sistema legislativo actual funciona como un corsé que impide cualquier respuesta ágil a una crisis que ya suma años de agonía.

Las consecuencias de este veto no se limitan al papel. Sin la convalidación de esos decretos, las familias que enfrentan un procedimiento de desalojo quedan desprotegidas ante la falta de una moratoria efectiva, los contratos de alquiler siguen sin la estabilidad prometida y la compra de vivienda por parte de grandes grupos de inversión continúa sin trabas fiscales ni limitaciones cuantitativas. El mensaje, además, es claro para el mercado: la incertidumbre normativa penaliza la negociación y eleva los precios en unas ciudades donde el alquiler ya roza cotas insostenibles. Desde las plataformas afectadas se advierte de que esta situación no solo perpetúa la desigualdad, sino que acelera un proceso de expulsión de residentes históricos de los centros urbanos que podría tardar décadas en revertirse.

De la Puerta del Sol a Málaga y València: la geografía de la indignación y las primeras acampadas

Mientras la bronca parlamentaria se consumaba, las calles respondían con una movilización que ha sorprendido incluso a los organizadores. En Madrid, cientos de personas que ya esperaban junto a la Cámara Baja regresaron a la Puerta del Sol con una mezcla de decepción y rabia que derivó en una acampada permanente. Este sábado, desde las doce de la mañana, una gran marcha recorrió las calles del centro convirtiendo la capital en el epicentro visible de un malestar que se extiende por todo el territorio. La imagen de miles de tiendas de campaña ocupando la emblemática plaza ha sido recogida en crónicas locales que describen una presencia continua que desafía al Gobierno y a las administraciones municipales, en un clima que algunos analistas políticos comparan con el inicio de Madrid, Epicentro de la Crisis Habitacional.

En Málaga, la tensión había llegado ya a niveles críticos semanas atrás, y este sábado lo confirmó con una manifestación que partió de la Plaza de la Constitución y recorrió la céntrica Calle Larios y la Alameda hasta sumar varios miles de participantes. La portavoz del Sindicato de Inquilinas en la ciudad, Carmen Olmedo, describió ante los micrófonos lo que calificó como un «clamor popular que ha inundado las calles del país», una declaración que subraya la presión sobre unas administraciones públicas a las que acusó de no haber hecho «absolutamente nada» ante el colapso habitacional. Al caer la tarde, un grupo de manifestantes decidió instalar una acampada en la Plaza del Ayuntamiento, replicando el modelo de resistencia permanente que ya se vive en la capital.

Por su parte, València vivió una jornada marcada por la tensión posterior a la manifestación organizada por el Sindicat de Llogateres, Entrebarris, la Plataforma de Afectados por la Hipoteca y el Sindicat Habitatge València. Tras la marcha, decenas de personas se concentraron en la Plaza del Ayuntamiento y decidieron acampar, manteniendo viva una presencia que el Partido Popular en el País Valencià condenó de forma inmediata. La portavoz adjunta del Grupo Parlamentario Popular en Les Corts, Nieves Martínez, cargó contra la izquierda a la que acusó de «sembrar la violencia en las calles» y situó a diputados valencianos «en primera fila» de unos disturbios que, según su versión, son consecuencia directa de las políticas del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a quien responsabilizó de «destrozar el mercado de la vivienda».

Desde Podemos, en cambio, se denunció un despliegue policial que calificaron de «desproporcionado» frente a una movilización pacífica en defensa del derecho a la vivienda. Las preguntas registradas en las instituciones reclaman información detallada sobre el número total de personas heridas durante las cargas, el uso de gases lacrimógenos y si el Ministerio del Interior o la Delegación del Gobierno han mantenido contacto con los afectados, una exigencia que apunta a la necesidad de esclarecer un operativo que, según los denunciantes, excedió el marco proporcionado.

Mientras tanto, en Pontevedra, el presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, aprovechó la jornada para arremeter contra el Ejecutivo, señalando que el «objetivo» de Sánchez es «dividir el país, enfrentarlo, corromperlo» con intereses «personales» y «pervirtiendo» las reglas democráticas más básicas. Feijóo se refirió a la cantidad de reales decretos aprobados por el Gobierno en los últimos años sin que ninguno se haya tramitado posteriormente como proyectos de ley, y se comprometió a que España no volverá a pasar una legislatura sin presupuestos, una declaración que intenta capitalizar el desgaste del Ejecutivo en materia de gestión económica. Compromís, por su parte, también condenó los altercados, aunque el texto original dejaba la declaración a medias, evidenciando la fractura que existe incluso dentro del espacio político que apoya al Gobierno.

Lo que está en juego ahora no es solo la convalidación de unos decretos, sino la viabilidad de una negociación colectiva que lleva meses estancada. La convocatoria de una huelga general para el mes de noviembre, reclamada desde las plataformas de inquilinos y respaldada por la escalada de acampadas en decenas de municipios, señala que el conflicto ha mutado de protesta puntual a movimiento estructural. Con más de 50 ciudades en pie y una presencia continua en las principales plazas del país, el pulso social se ha convertido en un factor político que ningún partido puede ignorar. La pregunta que queda en el aire es si este estallido masivo logrará forzar una revisión de las prioridades legislativas o si, por el contrario, servirá solo para profundizar la polarización en un momento en que la vivienda se ha convertido en el termómetro más sensible de la dignidad económica de millones de hogares.

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