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Fauna militar y biodiversidad: los terrenos de defensa como refugios naturales

Fauna militar y biodiversidad: los terrenos de defensa como refugios naturales

En los últimos años, los espacios ocupados por las Fuerzas Armadas han emergido como enclaves inesperados donde la naturaleza encuentra condiciones óptimas para prosperar. La variedad de biotopos presentes —desde estepas y malpaíses hasta humedales, cauces fluviales, acantilados costeros y sierras de alta montaña— genera una mosaico de hábitats que albergan una fauna sorprendente. Estas áreas, pese a su origen militar, funcionan como verdaderas reservas donde la actividad humana está limitada y la conservación se vuelve una prioridad implícita.

La distribución de los usos dentro de cada dependencia militar sigue un patrón de núcleo reducido y zona de amortiguación amplia. En el núcleo, la actividad operativa es intensa y el espacio disponible es limitado; sin embargo, a medida que se aleja del centro, la densidad de especies aumenta proporcionalmente. Esta dinámica convierte a algunas bases en refugios de fauna, ofreciendo condiciones de hábitat superiores a las del entorno circundante y favoreciendo la supervivencia de especies que de otro modo podrían verse amenazadas.

Hábitats y biotopos de los campos de maniobra

Los terrenos militares concentran una amplia gama de ecosistemas que sustenta distintas comunidades biológicas. En Huelva, los campos de Arenosillo y Médano del Loro combinan estepas y malpaíses con zonas costeras que albergan flora y fauna. En la zona central de la península, el Campo de Maniobras y Tiro de Cerro Muriano se sitúa entre los Parques Naturales de la Sierra de Hornachuelos y de las Sierras de Montoro y Cardeña, proporcionando corredores esenciales para la fauna. En el valle del Ebro, el Campos de Maniobras y Tiro de San Gregorio constituye una extensa estepa que alberga especies escasas en Europa, mientras que en la costa cántabra, los polvorines de la Algameca y el Barranco de los Sánchez ofrecen acantilados ideales para rapaces rupícolas.

La lógica de zona núcleo y zona de amortiguación se refleja en la creciente riqueza de especies al alejarse del núcleo. En muchos casos, los límites de estas áreas actúan como barreras naturales que favorecen la colonización de nuevos territorios por parte de animales, incrementando la diversidad biológica en los márgenes. Así, varios de estos enclaves funcionan como verdaderas reservas de fauna, ofreciendo hábitats de mayor calidad que los alrededores.

Especies emblemáticas y su conservación

Entre los mamíferos carnívoros de mayor relevancia, el lince de Doñana se ha visto favorecido por la expansión de los campos militares de Huelva, que actúan como corredores que facilitan su dispersión hacia nuevos territorios. En las estribaciones de Sierra Morena, el Campo de Maniobras y Tiro de Cerro Muriano sirve de paso para unir dos núcleos de población de lince, manteniendo la conectividad genética. Además, especies menores como la nutria (Lutra lutra) y la gineta (Genetta genetta) se encuentran presentes en múltiples dependencias, demostrando la capacidad de estos espacios para albergar una variedad de tamaños y hábitos ecológicos.

En el ámbito aviar, la avifauna de la zona de Cabrera destaca por la presencia de 24 especies nidificantes, entre las que sobresalen colonias de cormoranes, paíños y pardelas. En los acantilados de Cabo Pinar (Mallorca), se reproducen cormoranes de la subespecie mediterránea y parejas de águila pescadora y halcón peregrino, subrayando la importancia de estos lugares como sitios de anidación para rapaces y aves marinas. En las estepas del valle del Ebro, la alta densidad de la alondra ricotí (Chersophilus duponti) —una reliquia de las estepas africanas y asiáticas— muestra cómo estos terrenos militares pueden convertirse en refugios críticos para especies en riesgo.

Asimismo, la presencia de grandes roedores como el castor común (Castor fiber) en el CENAD de San Gregorio y el topillo de cabrera (Microtus cabrerae) en el Palancar de Madrid evidencia la diversidad taxonómica que estos espacios pueden sostener. Varios murciélagos, como el ratonero grande (Myotis myotis), el murciélago de herradura mediterráneo (Rhinolophus euryale) y el murciélago de cueva (Miniopterus schreibersii), están catalogados como vulnerables, lo que refuerza la necesidad de preservar estos hábitats.

La conservación de estas especies se complementa con iniciativas de desarrollo sostenible que demuestran la viabilidad de combinar producción y protección del medio ambiente. Proyectos como la descarbonización agrícola en Cáceres, que impulsa la producción de almendros mediante diésel renovable, y la avanzada de Entre Ríos hacia un modelo productivo aliado al medio ambiente, ilustran cómo la gestión responsable del territorio puede coexistir con la agricultura y la conservación, reforzando el valor de los espacios militares como parte de una estrategia integral de sostenibilidad.

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