
El parapentismo se ha consolidado en Tenerife como una de las prácticas deportivas de alto riesgo más populares y mediáticas, pero su expansión descontrolada ha traído consigo una espiral de siniestros que ya no puede ser ignorada por las autoridades. El viernes, un nuevo accidente en la Playa de La Enramada, en el municipio de Adeje, ha vuelto a encender las alarmas en las instituciones insulares, municipales y en los servicios de emergencias, que ven cómo la lista de víctimas no deja de crecer. Este incidente, que involucró a un vuelo en biplaza despegado desde Izaña, no es solo un nuevo capítulo en la historia de los deportes extremos en la isla, sino el detonante de una crisis de seguridad que ha sumado once accidentes graves en tan solo un año. La gravedad de las lesiones y el número de fallecidos obligan a una reflexión profunda sobre la regulación, la preparación de los practicantes y el atractivo letal que ejercen los cielos tinerfeños sobre deportistas y turistas.
El vuelo biplaza que terminó en tragedia en La Enramada
El siniestro del viernes ocurrió en un escenario paradisiaco pero inherentemente peligroso: la Playa de La Enramada del municipio de Adeje. Un vuelo en parapente biplaza, despegado desde la zona de Izaña, se saldó con dos heridos de distinta gravedad que pusieron a prueba los recursos del sistema de emergencias insular. Una mujer fue rescatada tras sufrir una parada cardiorrespiratoria, siendo estabilizada por los equipos médicos en el lugar y trasladada en estado grave al hospital Universitario Nuestra Señora de la Candelaria, donde permanece bajo estricta observación crítica. Por su parte, el hombre que participaba en la aeronave sufrió lesiones de carácter moderado, siendo evacuado al Hospital del Sur para recibir la atención quirúrgica y rehabilitadora necesaria. El rescate, ejecutado con celeridad por los equipos de emergencias, puso de manifiesto la dificultad de operar en zonas costeras y la rápida respuesta requerida ante este tipo de siniestros aéreos, donde cada minuto es crucial para salvar la vida de los afectados.
La espiral de once accidentes graves desde febrero de 2025
El accidente de Adeje no es un hecho aislado, sino la culminación de una racha escalofriante que ha mantenido en vilo a las autoridades durante los últimos meses. Desde el mes de febrero del año 2025, Tenerife ha registrado un total de 11 accidentes graves relacionados con el parapente, una cifra que las autoridades consideran inaceptable y que ha motivado que se enciendan las alarmas a nivel insular de forma definitiva. La proliferación de estos siniestros ha generado una presión enorme sobre los servicios de rescate, que se han visto desbordados en múltiples ocasiones, y ha puesto en duda la seguridad de las rutas de vuelo más populares de la isla. El contexto es preocupante: la práctica del vuelo libre ha crecido exponencialmente, atrayendo tanto a deportistas locales como a turistas internacionales, muchos de los cuales carecen de la experiencia y la preparación física necesaria para manejar las condiciones meteorológicas impredecibles y los vientos cambiantes que rodean al Teide y sus zonas adyacentes.
Las víctimas mortales y el dolor de las familias
La lista de víctimas mortales en este periodo es trágica y refleja el peligro extremo de esta disciplina deportiva. El primer fallecimiento relevante de la serie de siniestros se produjo en febrero de este año en Puerto de la Cruz, cuando se localizó el cuerpo sin vida de un hombre de 71 años de nacionalidad alemana. El turista había despegado desde Izaña y acabó cayendo al mar en las inmediaciones de las escolleras del muelle de la ciudad turística norteña, en una zona donde las autoridades realizaron una búsqueda infructuosa durante tres días antes de encontrar los restos. Las causas de su muerte aún permanecen desconocidas, lo que añade una dosis de misterio y preocupación a la actividad. Apenas un mes antes de este fatídico hallazgo, otro parapentista, un hombre de 41 años, perdió la vida en Las Moraditas, una zona de Adeje ubicada por encima de la autopista del sur, tras lanzarse desde los altos de Tenerife. Estas muertes evidencian que el parapente, lejos de ser un simple deporte de aventura, se ha convertido en una amenaza mortal constante que reclama una intervención urgente.
Adeje, el epicentro de la peligrosidad del vuelo libre
El municipio de Adeje se ha erigido, tristemente, como el epicentro de los accidentes de parapente en Tenerife. De los 11 siniestros graves registrados desde febrero de 2025, 6 se han localizado en este municipio del sur de la isla, una concentración que resulta alarmante y que obliga a las autoridades locales a revisar sus protocolos de seguridad. El pasado mes de enero, un hombre de 41 años falleció en Las Moraditas, y apenas unos días después, el 4 del mismo mes, otro individuo resultó herido con diversos traumatismos de carácter moderado al caer a un barranco mientras practicaba el parapente. La concentración de accidentes en Adeje obliga a cuestionar si las rutas de vuelo sobre esta zona, tan concurrida por turistas y deportistas, cuentan con las medidas de seguridad adecuadas y si existe un control efectivo sobre los despegues y aterrizajes en zonas de alto riesgo como La Enramada y Las Moraditas.
El resto de siniestros: de Fasnia a la Orotava
La geografía de los accidentes no se limita exclusivamente al sur de la isla, sino que se extiende a otras zonas de Tenerife con resultados igualmente devastadores. El 15 de febrero de 2025, un parapentista resultó herido de carácter grave tras sufrir una caída a una carretera en Fasnia, un incidente que pudo tener consecuencias fatales al involucrar una vía de tráfico y un barranco cercano. El 24 de febrero del mismo año, una mujer de 40 años sufrió heridas de carácter moderado al caer en Las Moraditas, sumándose a la lista de afectados en la zona de Adeje. La peor jornada en cuanto a número de heridos se vivió el 7 de marzo de 2025, cuando dos varones que volaban en un aerodino de ala fija biplaza cayeron al barranco de La Vera, en las Cañadas del Teide, dentro del término municipal de La Orotava. Ambos resultaron heridos y tuvieron que ser rescatados en una zona de difícil acceso y orografía abrupta. Posteriormente, el 16 de noviembre y los pasados 4 y 8 de diciembre, se repitió la misma espiral de accidentes en el sur de Tenerife, con siniestros en Arona y nuevamente en Adeje, dejando un herido en cada uno de los tres episodios y demostrando que la problemática no tiene visos de detenerse.
La falta de regulación y el impacto de la industria del vuelo libre
El auge del parapentismo en Tenerife, impulsado por su orografía montañosa y sus condiciones climáticas excepcionales, ha chocado con una ausencia casi total de regulación estricta y controles efectivos. A diferencia de otras disciplinas deportivas donde organismos internacionales han exigido estándares de seguridad rigurosos, como ocurrió recientemente cuando la UEFA y sus federaciones nacionales acordaron boicotear las competiciones de la FIFA por querer privatizar el Mundial, el vuelo libre en las islas canarias opera en un vacío normativo que pone en riesgo la vida de los practicantes. La economía turística de la isla se beneficia de la imagen de aventura que proyecta el parapente, pero este modelo no puede sostenerse si sigue costando la vida de deportistas y turistas. La ética del consentimiento digital y la transparencia informativa también juegan un papel crucial en este debate: los turistas que llegan a Tenerife deben ser plenamente conscientes de los riesgos reales antes de lanzarse a los cielos, sin que la promesa de una experiencia inolvidable y comercial oculte el peligro latente y la falta de garantías regulatorias.
La urgencia de actuar antes de que sea demasiado tarde
El nuevo accidente de los dos parapentistas en Adeje no debe quedar en un mero dato estadístico ni en una noticia pasajera que se olvide en las próximas horas. Las alarmas ya están encendidas y la presión sobre los gobiernos insulares y municipales es inmensa, exigiendo respuestas concretas y no solo declaraciones de condolencias. Se requiere con urgencia la implementación de protocolos de seguridad más estrictos, la delimitación clara de zonas de despegue y aterrizaje seguras, la prohibición de vuelos en condiciones meteorológicas adversas y campañas de concienciación que frenen la práctica temeraria y la comercialización irresponsable del vuelo libre. La historia reciente de Tenerife con el parapente es una sucesión de tragedias evitables que reclaman una intervención inmediata y contundente. Mientras las autoridades no impongan un marco regulatorio que priorice la vida sobre la adrenalina y el negocio turístico, los cielos de la isla seguirán siendo una trampa mortal para quienes se aventuran a volar sin las debidas garantías de seguridad.




