
La crisis de gobernabilidad en San Pedro no se resuelve con eslóganes ni con posturas rígidas que privilegien el enfrentamiento sobre la búsqueda de soluciones. El concejal Martín Rivas plantea una reflexión incómoda pero necesaria: la ciudad requiere imperiosamente que oficialismo y oposición dejen de lado las disputas estériles y asuman el compromiso histórico de trabajar juntos ante los desafíos estructurales que afectan al territorio.
De la consigna vacía al compromiso estratégico
Hace años que la demanda de diálogo resuena en los pasillos municipales, pero lo que se propone hoy va mucho más allá de una declaración de intenciones. Rivas advierte que dialogar políticamente implica disponerse a trabajar activamente: estudiar problemas, buscar información, escuchar a expertos, convocar mesas de trabajo y modificar propuestas propias cuando el otro aporte una idea superior. No se trata de sentarse a charlar, sino de constituir instancias que produzcan resultados concretos para la comunidad.
Los problemas complejos de una ciudad como San Pedro rara vez admiten soluciones simples. Mientras los bloques políticos dedican su energía a bloquear mutuamente las iniciativas del rival, los residuos siguen acumulándose en los basurales a cielo abierto, las calles se deterioran día a día y los jóvenes enfrentan sin respuestas claras los flagelos de la ludopatía y la salud mental precaria. La gobernabilidad no es propiedad del intendente de turno, sino un patrimonio colectivo que exige responsabilidad compartida.
Cuidar la gobernabilidad no significa callarse. Significa asumir responsabilidades incluso cuando las diferencias son profundas.
Expedientes concretos y la realidad de los números
La propuesta no se queda en la teoría. Rivas menciona iniciativas específicas que ilustran tanto el potencial del trabajo conjunto como las frustraciones de la parálisis institucional. Mediante el expediente 5734/2026, se impulsó una Mesa de Diálogo y Planificación para la Gestión Integral de Residuos, convocando al Ejecutivo, Concejo, trabajadores, gremios, empresa prestadora, especialistas e instituciones. Una propuesta que merece funcionar y no acumularse en papeles sin tratamiento.
En materia de infraestructura, los expedientes 5575 y 5576 propusieron un Fondo Especial para Bacheo que fue discutido incluso con funcionarios municipales y que incorporó la mirada de Servicios Públicos al dictamen final. Sin embargo, tras más de un año de espera, la iniciativa terminó siendo rechazada. Rivas sostiene que ese es precisamente el diálogo que propone: estudiar, discutir propuestas concretas, escuchar al otro y mejorarlas. Se puede equivocar, admite, pero entonces hay que presentar alternativas mejores, no bloquear por bloqueo.
La memoria política de San Pedro es fundamental aquí. Como señala un análisis reciente sobre memoria y lectura como condiciones fundamentales para un diálogo político y jurídico sólido, las ciudades que logran reconstruir consensos son aquellas que recuerdan sus crisis pasadas y aprenden de ellas. San Pedro ya atravesó momentos de enorme conflictividad política, económica e institucional, y en ocasiones logró reunir a oficialismo, oposición y distintos sectores cuando la situación lo exigía.
Gobernabilidad compartida frente a la conflictividad histórica
La propuesta de Rivas también aborda temas sensibles como la salud mental, la prevención de la ludopatía juvenil y la situación de los estudiantes, áreas donde la polarización partidaria suele ser especialmente dañina. Impulsar iniciativas en estos campos requiere voluntad política genuina, no cálculo electoral. La Teoría del Número 23, analizada en estudios recientes sobre gobernabilidad, ofrece una perspectiva interesante sobre cómo los números y las mayorías pueden distorsionar la búsqueda de consenso cuando prima la lógica del enfrentamiento sobre la del servicio público.
El concejal deja claro que la oposición no se convertirá en oficialismo por acompañar medidas beneficiosas para San Pedro, ni el oficialismo debe interpretar el control y la fiscalización como actos de enemistad. Votar en contra, señalar lo que está mal y proponer alternativas son funciones constitutivas del sistema democrático, no actos de traición. Lo que resulta inaceptable es reemplazar el trabajo institucional por discusiones estériles que benefician solo a quienes construyen su carrera política sobre la confrontación permanente.
San Pedro tiene ante sí una oportunidad histórica: dejar atrás la lógica del bloqueo sistemático y apostar por una cultura del acuerdo que priorice las soluciones sobre los intereses partidarios. El desafío es de todos, y la responsabilidad recae sobre cada actor político que ostente un cargo o represente una bancada. La ciudad no puede permitirse más tiempo perdido en peleas internas mientras sus problemas crecen sin respuesta. Como advierte un análisis sobre la gobernabilidad y los desafíos políticos, las ciudades que sobreviven a sus crisis son aquellas que entienden que la política es un ejercicio de servicio colectivo, no de dominio exclusivo.




