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El Adiós a Juan Luis Bergareche Busquet: Un Ingeniero Bilbaíno con Alma de Deportista y Corazón Familiar

El Adiós a Juan Luis Bergareche Busquet: Un Ingeniero Bilbaíno con Alma de Deportista y Corazón Familiar

Bilbao se despide de una de sus figuras más discretas pero influyentes, Juan Luis Bergareche Busquet, quien falleció este miércoles en su ciudad natal a los 83 años. Su partida deja un profundo vacío entre quienes tuvieron el privilegio de conocerle, pero también un legado imborrable de bondad, inteligencia y una inquebrantable pasión por el deporte y su familia. Ingeniero industrial de formación, Bergareche encarnó el espíritu de una generación que combinó la excelencia profesional con un profundo arraigo a las tradiciones y valores de Vizcaya, marcando una vida dedicada al servicio, la práctica deportiva y el amor por los suyos. Su trayectoria, que abarcó desde las acerías de Pittsburgh hasta los consejos de administración de importantes medios de comunicación vascos, siempre estuvo guiada por una humildad ejemplar y una destreza tanto en las canchas como en la dirección empresarial.

Hijo de un pionero del fútbol y el ciclismo, Luis Bergareche Maruri —autor del primer gol en Liga del Athletic Club e impulsor de la Vuelta Ciclista a España, además de presidente de EL CORREO durante muchos años—, Juan Luis llevó con orgullo un carné de socio del club bilbaíno que databa de enero de 1953. Sin embargo, su conexión con el deporte trascendió el mero seguimiento; fue un practicante incansable, un espíritu amateur en el sentido más puro, que entendió la actividad física como un ejercicio privado y de disfrute, alejado de cualquier búsqueda de notoriedad. Esta filosofía de vida, caracterizada por la discreción y una ausencia total de alardes, fue el sello distintivo de un hombre que, a pesar de sus múltiples logros, siempre prefirió mantenerse en un segundo plano, dejando que sus acciones hablaran por sí mismas.

Un Legado de Ingenio y Pasión por el Deporte Vizcaíno

La carrera profesional de Juan Luis Bergareche Busquet fue tan variada como exitosa. Tras concluir sus estudios como ingeniero industrial en la prestigiosa Escuela de Ingenieros de Bilbao, sus primeros pasos lo llevaron más allá de las fronteras españolas. En la década de los 60, después de una etapa de prácticas en la empresa vizcaína IDOM, se embarcó en una aventura profesional en Pittsburgh, Pensilvania, donde trabajó para la gigante siderúrgica estadounidense U.S. Steel. Fue en esta etapa cuando, con sus primeros sueldos, adquirió un Cadillac, un símbolo de su esfuerzo y de aquellos tiempos de expansión económica, del que nunca alardeó, pero que representó un motivo de legítimo orgullo personal. Incluso la prensa local de Pittsburgh llegó a hacerse eco de sus habilidades futbolísticas durante su paso por un equipo de la zona, demostrando su talento innato con el balón.

A su regreso a Bilbao, Bergareche dedicó tres décadas de su vida a la multinacional Firestone, donde ascendió hasta ocupar la dirección de compras, una posición de gran responsabilidad. Posteriormente, culminaría su trayectoria profesional en Cepsa, consolidando una sólida carrera en el sector industrial. Paralelamente a su vida empresarial, su compromiso con la sociedad vasca se extendió a los medios de comunicación, ejerciendo como consejero de EL CORREO desde 1977 hasta 2010, y también de El Diario Vasco. Esta faceta, aunque menos conocida, subraya su visión integral y su interés por el desarrollo de la región. Su pasión por el fútbol, manifestada desde sus inicios como delantero centro en los Jesuitas de Indautxu y en diversos clubes del fútbol base vizcaíno, siempre la entendió como un ejercicio puramente amateur. De hecho, rechazó una invitación para sumarse a una candidatura a la Junta Directiva del Athletic Club, fiel a su naturaleza discreta y ajena a la notoriedad, una cualidad que uno de sus hermanos describe como «una persona discreta, de pocas palabras y sin sentido alguno de notoriedad».

El Corazón Pelotari y Ciclista: Una Vida Anclada en Lekeitio y los Frontones

Más allá de su brillante carrera como ingeniero y consejero, la vida de Juan Luis Bergareche estuvo profundamente marcada por su amor incondicional por el deporte. Desde la infancia, los viernes a mediodía, sin tiempo para almorzar, recogía a sus hermanos pequeños, estudiantes en La Comercial de Bilbao, para jugar a paleta argentina en el frontón de Mungia junto a su padre. Esta imagen, cargada de nostalgia y significado, encapsula su espíritu deportivo y su vínculo familiar. Fue un pelotari reconocido en numerosos frontones vizcaínos, una presencia imprescindible en el Club Deportivo de Bilbao, y se recuerda cómo en el frontón de Artxanda, ninguno de sus jóvenes vecinos lograba salir victorioso frente a su potente pegada como zaguero. De joven, fue campeón de Bizkaia de pala, un entusiasta de la pelota mano y ganador de incontables torneos de pala, pala corta y paleta argentina. Su dedicación al deporte, y a la vida en general, era un reflejo de su carácter, donde la competición se unía con el compañerismo y el respeto, valores que también se buscan fomentar en iniciativas como el torneo que une el deporte y la salud mental, donde la pasión va más allá del resultado.

El ciclismo fue otra de sus grandes pasiones, y Lekeitio, la villa marinera, se erigió como el epicentro de esta afición y el centro de gravedad emocional de su existencia. Allí, entre las carreteras costeras, rodaba incansablemente con sus hermanos y con un grupo inquebrantable de amigos que mantuvo desde la infancia. Lekeitio fue también el escenario de su romance con Olga Díaz de Corcuera, a quien daba clases particulares de Física y Química durante aquellos veranos antes de contraer matrimonio en la misma villa. Su vida, sencilla y dedicada, giró en torno al amor por los suyos: sus cuatro hijos, Olga, Luis, Lucía y Mercedes, a quienes apiñaba de niños en un viejo Renault 12 para emprender el tortuoso camino hacia Lekeitio; sus hermanos; y sus nietos. Siempre estuvo a la zaga, con devoción y lealtad, de su mujer, Olga, fallecida en diciembre de 2020, cuya ausencia marcó un punto de inflexión en su vida.

Su bondad, muy característica y similar a la recibida de su madre, Pepa Busquet Meabe, se manifestaba en cada gesto. Fue un alumno aplicado, orientado a las ciencias, que terminó el Bachillerato con sobresalientes, pero siempre con una humildad que le impedía cualquier atisbo de ostentación. Su vida fue un ejemplo de cómo la dedicación, la inteligencia y la sencillez pueden coexistir y florecer, dejando una huella profunda en su comunidad. Al igual que otras iniciativas que demuestran el poder del deporte para unir y generar un impacto positivo en la sociedad, como la Marcha Senderista de Mequinenza, la vida de Juan Luis Bergareche fue un testimonio de que la verdadera grandeza reside en la conexión humana y el espíritu de superación.

La ausencia de Juan Luis Bergareche Busquet representa un vacío para todos quienes le rodeaban, pero su inteligencia afable y su bondad inquebrantable dejan un recuerdo imborrable. Su ejemplar legado de bondad, inteligencia y sencillez perdurará en la memoria de sus hijos Olga, Luis, Lucía y Mercedes, sus hermanos Santi, Jose, Jorge y Eduardo, y en la de sus nietos, sobrinos, amigos y allegados. Su vida, marcada por la discreción y una profunda ética de trabajo y diversión, sirve como inspiración para las futuras generaciones, recordándonos que la verdadera riqueza reside en los valores humanos y la pasión por lo que uno ama.

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