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Sportradar: la empresa que convierte cada partido en datos y anticipa el futuro del deporte

Sportradar: la empresa que convierte cada partido en datos y anticipa el futuro del deporte

Hay una capa invisible que se superpone a cada partido de fútbol, a cada vuelta de Fórmula 1, a cada set de tenis, y esa capa está hecha de datos. Millones de puntos de información que se generan segundo a segundo, que el espectador común jamás ve pero que determinan desde las cuotas de las apuestas hasta las decisiones tácticas de los entrenadores. Detrás de esa capa invisible hay una empresa suiza fundada en el año 2001 que ha construido un imperio tecnológico alrededor de convertir lo que ocurre en una cancha en información utilizable en tiempo real. Se llama Sportradar, y su CEO, Carsten Koerl, ha dejado claro en el SBC Summit de Lisboa que la siguiente frontera no es recopilar más datos, sino entenderlos antes de que ocurran.

La magnitud del negocio resulta difícil de asimilar. Sportradar cubre más de un millón de eventos al año y trabaja con federaciones, ligas, medios de comunicación y operadores de apuestas de todo el mundo. Entre sus socios figuran algunos de los nombres más potentes del deporte global: NBA, NHL, MLB, NASCAR, FIFA, UEFA, ATP, PGA, MLS y Bundesliga. Cada uno de esos acuerdos implica una infraestructura tecnológica desplegada en pabellones, estadios y centros de transmisión que convierte el movimiento humano en flujos numéricos. En baloncesto, por ejemplo, las cámaras registran 150 veces por segundo y capturan 60 puntos de datos por jugador: posición de tobillos, codos, piernas, rodillas. No se trata ya de saber dónde está un deportista, sino de reconstruir digitalmente cada uno de sus movimientos con una precisión milimétrica.

La revolución del seguimiento esquelético y los datos que reconstruyen el cuerpo del deportista

El acuerdo con la NBA, anunciado en 2021, representa uno de los hitos más significativos en la historia de la compañía. Sportradar se convirtió en proveedor exclusivo mundial de datos de las competiciones NBA, WNBA y NBA G League, y a cambio la liga obtuvo una participación accionarial en la empresa. Ese pacto incluye acceso a datos oficiales de tracking esquelético, con cientos de miles de puntos generados durante cada partido. La tecnología permite no solo conocer la trayectoria del balón, sino mapear esqueletos completos de los jugadores en movimiento, algo que abre puertas a análisis de lesiones, optimización del rendimiento y experiencias audiovisuales completamente nuevas para el aficionado.

En fútbol, Sportradar ya dispone de datos de localización del balón con un sistema denominado ballspotting, capaz de recibir nuevas coordenadas potencialmente cada segundo. Pero la ambición de la compañía va mucho más allá de saber si un equipo ataca o defiende. El objetivo es combinar la posición del balón y la de los jugadores, la trayectoria de las acciones y la inteligencia artificial para entender el partido como un sistema dinámico. Koerl lo ilustra con un producto de NBC vinculado a la NBA que puede mostrar qué es probable que ocurra durante los próximos cinco segundos: el sistema analiza miles de millones de puntos de datos de partidos anteriores, las posiciones de los jugadores y calcula el siguiente movimiento probable. «Eso no es un ser humano. Eso es un sistema informático. Es IA», explica. La capacidad de predecir comportamientos de jugadores y convertir eso en productos para el consumidor es, según su visión, donde reside el verdadero negocio del futuro.

La inteligencia artificial como predictor del juego y la batalla contra el fraude

Durante años, los datos servían para contar lo que acababa de suceder: quién marcó, quién tiró, quién ganó. Ahora pueden utilizarse para generar una capa nueva sobre el partido, una capa predictiva que transforma la experiencia del espectador y, al mismo tiempo, se convierte en una herramienta de seguridad sin precedentes. Sportradar utiliza esa misma tecnología para desarrollar productos de seguimiento y ayudar a detectar patrones sospechosos en las apuestas, lo que constituye una batalla invisible contra el fraude en el deporte.

La relación con la FIFA ilustra la dimensión estratégica de esta labor. En marzo de 2026, FIFA renovó hasta 2031 su acuerdo de servicios de integridad con Sportradar, confiando a la compañía los sistemas de monitorización que protegen la limpieza de las competiciones. Se trata de un trabajo silencioso, invisible para el público, pero esencial: algoritmos que escanean millones de transacciones de apuestas en busca de anomalías que puedan indicar manipulación de partidos, corrupción o fraude organizados. En un mundo donde el volumen de apuestas deportivas legales crece exponencialmente cada temporada, esa labor de vigilancia se ha convertido en una prioridad para las grandes organizaciones deportivas.

El modelo de Sportradar se sostiene sobre relaciones construidas durante décadas con las grandes organizaciones del deporte mundial, pero también sobre una capacidad tecnológica que avanza a velocidades que hace apenas diez años parecían ciencia ficción. Cámaras que capturan el movimiento humano ciento cincuenta veces por segundo, inteligencia artificial que anticipa jugadas antes de que ocurran, sistemas que protegen la integridad de competiciones globales. Todo ello procesado en tiempo real y distribuido a federaciones, ligas, medios y operadores que dependen de esa información para tomar decisiones. La pregunta que queda es hacia dónde se dirige esta industria cuando la línea entre lo que ocurre en el campo y lo que un algoritmo puede predecir se difumina por completo. La respuesta, como señaló Koerl en Lisboa, aún está por escribirse, pero los datos que la alimentan ya están ahí, esperando ser interpretados.

La transformación que vive el deporte en esta década no se mide solo en tecnología de vestuario o en superficies de juego más avanzadas. Se mide en la capacidad de leer lo invisible, de transformar el sudor y el movimiento en información estructurada que anticipa, protege y enriquece la experiencia. Detrás de cada partido hay ahora un ecosistema digital que trabaja a la velocidad del pensamiento, y empresas como Sportradar están en el centro de ese ecosistema, construyendo el puente entre lo que ocurre en la cancha y lo que puede ocurrir después. Un puente que, literalmente, se extiende por más de un millón de eventos al año en cada rincón del planeta donde se practica deporte profesional.

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