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La asignatura pendiente del deporte en la adolescencia: las mujeres lo dejan más y antes que ellos

La asignatura pendiente del deporte en la adolescencia: las mujeres lo dejan más y antes que ellos

Las niñas, en su etapa infantil, practican una actividad física con una dedicación y entusiasmo similares a los de sus compañeros varones. Sin embargo, el panorama cambia radicalmente al llegar la pubertad. Es en este crucial punto de transición donde se instala una de las brechas más significativas y alarmantes en el mundo del deporte: las adolescentes son las que más renuncian a la práctica deportiva y lo hacen antes que los chicos. Diversas señales de alarma, como el aumento del sedentarismo y el incremento del uso de pantallas entre los adolescentes, impulsaron a los expertos a investigar las causas de este fenómeno. Los resultados de estos estudios revelan un conjunto complejo de barreras que, lejos de ser simples preferencias personales, tienen raíces estructurales, sociales y culturales que penalizan de forma desproporcionada a las chicas.

Los datos son contundentes y revelan un deseo reprimido: siete de cada diez adolescentes quieren moverse más y mejor, pero encuentran obstáculos que sus congéneres masculinos no tienen que enfrentar. Estas barreras, según la analista María Martín, tienen que ver directamente con la oferta y las oportunidades que se les presentan. «La oferta deportiva sigue privilegiando lo mejor y lo masculino», explica. «Y en la adolescencia eso se traduce, sobre todo, en la competición». El modelo deportivo predominante en esta etapa está excesivamente centrado en la competición y no tanto en el bienestar, la salud o la diversión, que son las principales motivaciones de las adolescentes. Esto crea un desajuste fundamental: el sistema no está diseñado para satisfacer sus necesidades.

El modelo competitivo como puente alejador

El deporte competitivo tiene una presencia abrumadora en la vida de los adolescentes. Los datos muestran que el 61% de los chicos y el 36% de las chicas practican de forma semanal un deporte orientado a la competición. Pero la motivación detrás de esta práctica también marca una gran diferencia: el 43% de los varones se motiva por competir, frente a solo el 18% de las féminas. Esta brecha motiva tiene consecuencias directas en la oferta. Aquellas adolescentes que buscan el deporte por otras razones, como la socialización, el bienestar o la salud, ven su oferta limitada y a menudo inadecuada. Además, en esta etapa desaparecen los equipos mixtos, y los que se forman nacen con un purpose claramente competitivo, excluyendo a aquellas que no desean competir al más alto nivel.

La etapa de la Secundaria supone, por otro lado, una mayor carga académica que requiere un mejor tiempo de dedicación. En este contexto, las adolescentes se ven obligadas a priorizar los estudios si la oferta deportiva requiere desplazamientos largos y un apoyo familiar significativo que ellas, en muchos casos, no reciben. La falta de actividades deportivas de proximidad, que les permitan practicar sin grandes desplazamientos, se convierte en un factor decisivo. Si deben viajar más lejos para hacer actividad física, lo que implica más tiempo y recursos familiares, muchas eligen el camino más fácil: priorizar los estudios en detrimento del deporte.

Espacios de práctica: entre la inseguridad y la exclusión

La elección de las actividades también está profundamente influenciada por el tipo de instalaciones donde se practican. Los varones ocupan mayoritariamente los espacios colectivos de práctica y los recintos deportivos convencionales. Una de las razones es que estos espacios están dedicados a la competición, pero otra fundamental es que las adolescentes simplemente no se sienten cómodas en muchos de ellos. María Martín señala un hallazgo clave que no aparece en estudios realizados en otros países: «Las chicas hablan a veces de intimidation, incluso miedo. Se sienten expulsadas, van a instalaciones en las que no se encuentran a gusto. Ahí confluyen barreras como falta de seguridad, vergüenza…». Esta sensación de inseguridad y exclusión en los propios espacios deportivos es un factor de abandono masivo.

La inseguridad que sienten las mujeres en los espacios para la práctica deportiva está documentada en encuestas donde el 93% de las consultadas reconocen haber sentido miedo al hacer deporte al aire libre. Ante este problema, la Asociación para Mujeres en el Deporte Profesional (AMDP), en colaboración con Uriaxait, desarrolló ‘Entrena Segura’, una WebAPP basada en inteligencia artificial que recoge, analiza y transforma en datos e información las sensaciones de inseguridad o miedo que viven las mujeres en las instalaciones deportivas. Esta herramienta representa un paso crucial para entender y, finalmente, corregir un problema que va más allá de la infraestructura física y habla de un profundo cambio cultural.

Estos prejuicios físicos, algunos de los cuales aún se perpetúan, son recordados por deportistas de élite como Teresa Portela, subcampeona olímpica de K1 200, y Lucía Martín-Portugués. Portela recuerda que «hace 30 años, cuando yo empezaba, no era tan normal que las chicas hicieran deporte. En piragüismo, que necesitas fuerza y desarrollas musculatura, hubo algún caso de madres que recomendaron a sus hijas no seguir en esa disciplina porque no se adecuaba a ciertos cánones de feminidad». Aunque el panorama ha cambiado, el legado de estos estereotipos sigue influyendo en la percepción del deporte femenino en la adolescencia. Lucía Martín Portugués aseguró en una entrevista que «durante la adolescencia fue terrible porque yo estaba fuerte, tenía abdominales, las piernas fuertes», reflejando la presión por ajustarse a un cuerpo que no siempre se alinea con el ideal deportivo.

La necesidad de crear espacios seguros y adaptados a las necesidades reales de las adolescentes es una tarea pendiente que requiere un esfuerzo conjunto. Es fundamental replantear el modelo deportivo juvenil, descentrándolo de la competición exclusiva y priorizando el disfrute, la salud y la socialización. La creación de instalaciones que fomenten la seguridad, el respeto y la comodidad de las adolescentes es tan crucial como la propia disponibilidad de horarios y localizaciones. Solo así se puede cerrar la brecha que, de no corregirse, marcará de por vida la relación de muchas mujeres con el deporte y la actividad física. La inclusión en el deporte no es solo un asunto de acceso, sino de pertenencia, y en la adolescencia, la sensación de no pertenecer a un espacio puede ser suficiente para alejar a una chica para siempre. Para profundizar en iniciativas que buscan romper estigmas y construir comunidad a través del deporte, se puede leer más sobre cómo el Pádel actúa como un catalizador social, o sobre los desafíos de inclusión que enfrentan deportistas con movilidad reducida en lugares como Fuerteventura.

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