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La isla de Ons acoge su primer campo de voluntariado ambiental desde hace más de dos décadas

Ons isla

Contexto y antecedentes de una iniciativa histórica

El Parque Nacional Islas Atlánticas de Galicia ha sido, durante años, un refugio de biodiversidad donde la presión humana y el cambio climático han ido dejando huellas cada vez más visibles. La isla de Ons, la más occidental del archipiélago, destaca por sus acantilados de granito, sus bosques de laurisilva y sus colonias de aves marinas, pero también por la creciente presencia de residuos plásticos y la erosión de sus senderos tradicionales. Desde la creación del parque en 2002, la Xunta de Galicia ha impulsado diversos planes de conservación, sin embargo, ningún programa de voluntariado ambiental había logrado arraigarse de forma sostenida en el territorio durante los últimos más de veinte años. Esta laguna se debió, en parte, a la dificultad logística de acceder a la isla, a la estacionalidad del turismo y a la falta de recursos destinados a la educación ambiental fuera de los periodos de alta afluencia.

El campo de voluntariado: organización, participantes y actividades

El anuncio reciente de la Xunta de Galicia señala que, por primera vez desde hace más de dos décadas, se ha puesto en marcha un campo de voluntariado ambiental en la isla de Ons, con una duración prevista de tres semanas durante el mes de julio. La iniciativa está coordinada por la Dirección General de Medio Ambiente de la autonómica, en colaboración con la Fundación Biodiversidad, el Colegio Oficial de Biólogos de Galicia y varias asociaciones locales como Amigos de la Isla de Ons y EcoGalicia. Más de cincuenta voluntarios, procedentes de universidades gallegas, escuelas de formación profesional y colectivos de ciudadanos comprometidos, han sido seleccionados tras un proceso de inscripción que recibió más de doscientas solicitudes.

Las actividades previstas abarcan la limpieza de costas, la restauración de senderos mediante técnicas de bioerosión, talleres de especies invasoras, la colocación de señalización interpretativa y la realización de talleres de educación ambiental dirigidos tanto a residentes como a visitantes. Se ha diseñado un protocolo de seguimiento que incluye el registro de residuos recogidos, la monitorización de la flora autóctona mediante parcelas permanentes y la evaluación del impacto percepciativo a través de encuestas previas y posteriores a la intervención. Todo el trabajo se realiza bajo la supervisión de técnicos de la Xunta y de guías del propio parque, garantizando que las acciones respeten los protocolos de conservación establecidos para la zona ZEPA (Zona de Especial Protección para las Aves).

Impacto sectorial y repercusiones en la comunidad

La puesta en marcha de este campo de voluntariado no solo representa un hito en la gestión del patrimonio natural, sino que también genera efectos colaterales en diversos sectores. En el ámbito turístico, se espera que la presencia de voluntarios y las actividades divulgativas mejoren la percepción de la isla como destino de turismo responsable, atrayendo a un segmento de visitantes interesado en experiencias de ecoturismo y ciencia ciudadana. Los hosteleros locales han mostrado interés en ofrecer paquetes que incluyan jornadas de voluntariado, lo que podría contribuir a desestacionalizar la economía de la isla, tradicionalmente concentrada en los meses de julio y agosto.

En el plano educativo, la colaboración con centros de formación profesional y universidades abre una vía de prácticas externas para estudiantes de biología, ciencias ambientales y gestión del territorio, permitiéndoles aplicar conocimientos teóricos en un entorno real y protegido. Asimismo, la participación de asociaciones vecinales refuerza el sentido de pertenencia y el compromiso cívico, factores clave para la lucha contra la despoblación rural que afecta a muchas islas gallegas. Por último, la iniciativa se alinea con las recomendaciones de organismos como ASÁJA, que aboga por una gestión unificada de agricultura y medio ambiente para frenar el deterioro del territorio y la pérdida de población.

Reflexión editorial: hacia un modelo de voluntariado sostenible

El campo de voluntariado ambiental no puede considerarse aislada; más bien, debe ser el primer eslabón de una estrategia a largo plazo que integre educación, vigilancia y restauración continua. La experiencia de Ons muestra que, cuando se combinan recursos institucionales, voluntad ciudadana y conocimiento técnico, es posible revertir tendencias de degradación que parecían arraigadas. Sin embargo, para que este modelo perdure, será necesario asegurar financiación estable más allá de los ciclos presupuestarios anuales, crear una red de voluntariado permanente que opere durante todo el año y establecer indicadores de impacto que permitan ajustar las intervenciones en función de los resultados obtenidos.

La replicación de este enfoque en otras islas del Parque Nacional Islas Atlánticas — como Cíes o Sálvora — podría generar un efecto multiplicador, posicionando a Galicia como referente nacional en conservación participativa. Además, la articulación con políticas de desarrollo rural sostenible y la promoción de empleos verdes contribuirían a fijar población y a diversificar la economía local, reduciendo la dependencia exclusiva del turismo estacional. En definitiva, el campo de voluntariado de Ons no es un evento puntual, sino una oportunidad para replantear la relación entre sociedad y territorio, apostando por una gestión compartida que respete la riqueza natural y, al mismo tiempo, fortalezca el tejido social de las comunidades insulares.

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