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Crisis fitosanitaria en Canarias: ATRATICAN denuncia un escenario de vulnerabilidad productiva ante la restricción de plaguicidas

campo y medio ambiente

Introducción: El sector primario canario en la encrucijada regulatoria

En este artículo se analiza la crítica coyuntura que atraviesa el sector primario en el Archipiélago Canario, una situación que trasciende la mera gestión agrícola para convertirse en un problema de soberanía alimentaria y viabilidad económica. La Asociación de Trabajadores de la Tierra Canaria (ATRATICAN) ha emitido una alerta roja sobre el estado de los cultivos en las islas, señalando que la prohibición sistemática de productos fitosanitarios esenciales por parte de la Unión Europea ha dejado a los agricultores sin mecanismos de defensa efectivos contra las plagas. Esta transición hacia un modelo más ecológico, aunque loable en sus objetivos ambientales, se está ejecutando, según la asociación, sin una hoja de ruta que garantice la sustitución de estas sustancias por alternativas de igual eficacia. La relevancia de este suceso radica en que no solo afecta a la rentabilidad de las explotaciones, sino que amenaza con desmantelar el tejido productivo de una región cuya ultraperiferia ya impone retos logísticos y de costes significativos.

El desequilibrio entre la normativa ambiental y la realidad agronómica

La denuncia de ATRATICAN se centra en el «desamparo» y la «desprotección» de los productores tras la retirada de materias activas clave para el control de patógenos vegetales. La asociación observa con creciente preocupación cómo los meses transcurren sin que el Gobierno de Canarias logre coordinar con el Ministerio de Agricultura vías de contingencia eficaces. Entre las soluciones técnicas que permanecen bloqueadas o en trámite lento se encuentran las autorizaciones excepcionales para el uso de productos específicos en situaciones de emergencia, la tramitación de registros para «uso menor» —vital para cultivos específicos de las islas que no tienen el volumen de mercado de las grandes extensiones continentales— y la acreditación de sustancias con Límites Máximos de Residuos (LMR) compatibles con el reglamento europeo.

Mientras la burocracia administrativa no logra acompasar sus tiempos a los ciclos biológicos del campo, plagas como el pulgón, la cochinilla y la mosca blanca están ganando terreno de forma exponencial. El impacto es ya tangible en sectores estratégicos como el del plátano, donde se reportan importantes pérdidas económicas y un descenso notable en la calidad del fruto. Esta situación se enmarca en un debate global sobre la sostenibilidad, tal como se analiza en foros donde el campo toma la palabra y se redefine el futuro agrario en clave global, evidenciando que la transición verde requiere de un soporte técnico que hoy parece ausente en Canarias.

Agravio comparativo y competencia desleal de terceros países

Uno de los puntos más críticos del análisis de ATRATICAN es la asimetría competitiva que genera la actual política fitosanitaria. Los agricultores canarios, que engloban también a colectivos de ganaderos y pescadores dentro de esta asociación regional, denuncian un agravio comparativo intolerable: mientras la Comisión Europea prohíbe el uso de ciertas sustancias en suelo comunitario por motivos de seguridad y salud, permite la importación de productos hortofrutícolas de terceros países que han sido tratados con esas mismas sustancias. Este escenario crea una pinza económica insostenible para el productor local, quien debe cumplir con los estándares más exigentes del mundo mientras compite con productos que operan bajo condiciones laborales inferiores y requisitos sanitarios menos rigurosos.

La inestabilidad de los precios y el aumento de los costes de producción —fertilizantes, energía y transporte— se suman a este «desarme» frente a las plagas. La gestión del territorio y la regeneración de espacios productivos, que en otros contextos como la reconversión de la finca de La Josa buscan la cohesión y la estrategia a largo plazo, en Canarias parece estar chocando con una falta de visión estratégica institucional que proteja la singularidad del ecosistema agrícola isleño.

Conclusión: Implicaciones estratégicas y necesidad de un frente común

La situación descrita por ATRATICAN no es un incidente aislado, sino el síntoma de una desconexión entre la política macroeconómica de la Unión Europea y la realidad microeconómica de las Regiones Ultraperiféricas. Las implicaciones estratégicas de este descontrol de plagas son profundas: si no se garantiza una «caja de herramientas» fitosanitaria mínima, el riesgo de abandono de fincas es real, lo que conllevaría una pérdida de biodiversidad agrícola y un aumento de la dependencia alimentaria exterior del Archipiélago.

Para evitar un «desastre total», la asociación exige una implicación enérgica tanto del Gobierno de Canarias como del Estado para presionar ante Bruselas. La solución no pasa únicamente por pedir prórrogas, sino por establecer un marco normativo que reconozca la vulnerabilidad de los cultivos insulares frente a plagas tropicales y subtropicales que no afectan de igual modo al resto de Europa. El sector agrario reclama, en definitiva, que la salud del consumidor y la calidad del producto —banderas del campo canario— no se conviertan en el motivo de su propia extinción por falta de coherencia en la aplicación de las normas.

Fuente: https://www.eltambor.es/atratican-alerta-de-graves-perdidas-en-el-campo-canario-por-el-descontrol-de-plagas-tras-prohibirse-insecticidas-claves-y-exige-a-las-autoridades-soluciones-urgentes/

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